Balance de las jornadas del 2 y 3 de junio
En primer lugar debemos analizar el encuentro a la luz de las metas que nos habíamos propuesto. Y luego, ver cómo estamos y qué pasos debemos dar respecto de nuestro objetivo estratégico, que es la elaboración y puesta en circulación del Programa de Desarrollo Cultural.
Nos habíamos propuesto:
1) La producción de elementos de diagnóstico que completaran el material elaborado previamente;
2) generar un estado de organización y articulación superior al que existía previo al encuentro;
3) provocar un cambio “positivo” en el estado de ánimo colectivo.
Acerca de la primera meta. Aún sabiendo que es imposible arribar a un diagnóstico más o menos completo en sólo unas horas de debate, creemos que las jornadas significaron un avance. Coincidimos en resaltar la riqueza de los debates, y la forma en que se apreció la posibilidad de intercambiar opiniones, ideas y experiencias en un ámbito propicio; evaluamos como muy buena la asistencia, tanto por la cantidad como por la diversidad de los participantes. También nos parece que hay que resaltar el buen clima en que se desarrollaron las jornadas, estando -como estamos- habituados a ser testigos de debates que muchas veces sólo transcurren por la descalificación, la chicana y el insulto.
En general, vemos que los enfoques y conclusiones surgidas ratifican lo volcado en los materiales preparatorios, aunque escasean las menciones a posibles causas y responsabilidades.
Pero lo que nos parece fundamental es que se logró sintetizar el universo de problemas a abordar en lo inmediato, al existir puntos coincidentes en las distintas mesas:
a) la necesidad de sistematizar el acopio y la socialización de información;
(Banco de Datos; Registro de Productores Culturales);
b) la necesidad de construir herramientas que permitan un mayor grado de
articulación entre diferentes sectores y niveles;
c) la necesidad de formalizar un nuevo pacto de relación entre el Estado
municipal y las instituciones de la sociedad civil de la ciudad.
También hay que agregar que, sin bien no estaba sugerido (aunque sí considerada la posibilidad de que sucediera), y a pesar de la coincidencia generalizada sobre lo incompleto del diagnóstico, en más de un caso aparecieron propuestas para lo mediato e inmediato. El caso más notable es el de la mesa de Políticas Públicas, que no llevó a la asamblea final diagnóstico alguno, y sí un listado interesante de reformas a ejecutar en el ámbito estatal (Consejo de Cultura, Presupuesto participativo, etc)
La segunda meta alcanzó el grado de concreción que le imprimió la necesidad colectiva de continuar y profundizar el trabajo iniciado. Se traduce en una agenda de reuniones parciales, de cada mesa, en lo inmediato, y una nueva reunión general el 15 de julio. Además del registro de contactos -correos y teléfonos- que derivó de la inscripción a las jornadas, y algunas ideas y proyectos que nacieron al calor de los debates.
La tercera meta es quizá la que más evidente y plenamente se logró. Existía, previo al encuentro, un clima generalizado de escepticismo, desconfianza y resignación. El encuentro modificó en gran parte aquel estado de cosas. Posiblemente el dato de la unidad en de la diversidad en el grupo organizador, sumado a la combinación de apertura con firmeza al pactar las reglas de juego aportaron a ello. El resto ya ha sido suficientemente analizado (los pro y los contra de contar con un material escrito, las ventajas y desventajas otorgadas por el lugar elegido para su realización y otros factores por el estilo). No obstante, en función de optimizar la convocatoria, debemos tener en cuenta que existe aún mucha gente que observa desde el balcón, sin decidirse todavía a ser parte. Eso, amén de la que no participó por las propias deficiencias de la convocatoria.
Cómo seguir.
Debemos poner la mirada en el encuentro pactado para el 15 de julio; qué queremos lograr de ese encuentro y cómo dar pasos concretos que vayan construyendo lo que el 2 y 3 se definió como necesario. No debemos olvidar que aún estamos en la etapa de diagnóstico, ni caer en la tentación de decretar medidas ya mismo.
Se imponen algunas tareas inmediatas:
1- Proponer diferentes modelos para la confección del Registro de Productores Culturales y el Banco de Datos;
2- Proponer diferentes modelos posibles para la conformación futura del Consejo de Cultura, haciendo una revisión crítica de las experiencias similares intentadas en el pasado;
3-tener en cuenta que los próximos seis meses serán un tiempo de transición hacia las nuevas formas de gestión que se quieren adoptar. En ese sentido, debemos discutir el qué hacer en esa transición, aspirando a que en ella se exprese, en alguna medida, el espíritu de lo que va a venir;
4- tenemos que trabajar para reafirmar el compromiso de participación con vistas al encuentro del 15 de julio.
En primer lugar debemos analizar el encuentro a la luz de las metas que nos habíamos propuesto. Y luego, ver cómo estamos y qué pasos debemos dar respecto de nuestro objetivo estratégico, que es la elaboración y puesta en circulación del Programa de Desarrollo Cultural.
Nos habíamos propuesto:
1) La producción de elementos de diagnóstico que completaran el material elaborado previamente;
2) generar un estado de organización y articulación superior al que existía previo al encuentro;
3) provocar un cambio “positivo” en el estado de ánimo colectivo.
Acerca de la primera meta. Aún sabiendo que es imposible arribar a un diagnóstico más o menos completo en sólo unas horas de debate, creemos que las jornadas significaron un avance. Coincidimos en resaltar la riqueza de los debates, y la forma en que se apreció la posibilidad de intercambiar opiniones, ideas y experiencias en un ámbito propicio; evaluamos como muy buena la asistencia, tanto por la cantidad como por la diversidad de los participantes. También nos parece que hay que resaltar el buen clima en que se desarrollaron las jornadas, estando -como estamos- habituados a ser testigos de debates que muchas veces sólo transcurren por la descalificación, la chicana y el insulto.
En general, vemos que los enfoques y conclusiones surgidas ratifican lo volcado en los materiales preparatorios, aunque escasean las menciones a posibles causas y responsabilidades.
Pero lo que nos parece fundamental es que se logró sintetizar el universo de problemas a abordar en lo inmediato, al existir puntos coincidentes en las distintas mesas:
a) la necesidad de sistematizar el acopio y la socialización de información;
(Banco de Datos; Registro de Productores Culturales);
b) la necesidad de construir herramientas que permitan un mayor grado de
articulación entre diferentes sectores y niveles;
c) la necesidad de formalizar un nuevo pacto de relación entre el Estado
municipal y las instituciones de la sociedad civil de la ciudad.
También hay que agregar que, sin bien no estaba sugerido (aunque sí considerada la posibilidad de que sucediera), y a pesar de la coincidencia generalizada sobre lo incompleto del diagnóstico, en más de un caso aparecieron propuestas para lo mediato e inmediato. El caso más notable es el de la mesa de Políticas Públicas, que no llevó a la asamblea final diagnóstico alguno, y sí un listado interesante de reformas a ejecutar en el ámbito estatal (Consejo de Cultura, Presupuesto participativo, etc)
La segunda meta alcanzó el grado de concreción que le imprimió la necesidad colectiva de continuar y profundizar el trabajo iniciado. Se traduce en una agenda de reuniones parciales, de cada mesa, en lo inmediato, y una nueva reunión general el 15 de julio. Además del registro de contactos -correos y teléfonos- que derivó de la inscripción a las jornadas, y algunas ideas y proyectos que nacieron al calor de los debates.
La tercera meta es quizá la que más evidente y plenamente se logró. Existía, previo al encuentro, un clima generalizado de escepticismo, desconfianza y resignación. El encuentro modificó en gran parte aquel estado de cosas. Posiblemente el dato de la unidad en de la diversidad en el grupo organizador, sumado a la combinación de apertura con firmeza al pactar las reglas de juego aportaron a ello. El resto ya ha sido suficientemente analizado (los pro y los contra de contar con un material escrito, las ventajas y desventajas otorgadas por el lugar elegido para su realización y otros factores por el estilo). No obstante, en función de optimizar la convocatoria, debemos tener en cuenta que existe aún mucha gente que observa desde el balcón, sin decidirse todavía a ser parte. Eso, amén de la que no participó por las propias deficiencias de la convocatoria.
Cómo seguir.
Debemos poner la mirada en el encuentro pactado para el 15 de julio; qué queremos lograr de ese encuentro y cómo dar pasos concretos que vayan construyendo lo que el 2 y 3 se definió como necesario. No debemos olvidar que aún estamos en la etapa de diagnóstico, ni caer en la tentación de decretar medidas ya mismo.
Se imponen algunas tareas inmediatas:
1- Proponer diferentes modelos para la confección del Registro de Productores Culturales y el Banco de Datos;
2- Proponer diferentes modelos posibles para la conformación futura del Consejo de Cultura, haciendo una revisión crítica de las experiencias similares intentadas en el pasado;
3-tener en cuenta que los próximos seis meses serán un tiempo de transición hacia las nuevas formas de gestión que se quieren adoptar. En ese sentido, debemos discutir el qué hacer en esa transición, aspirando a que en ella se exprese, en alguna medida, el espíritu de lo que va a venir;
4- tenemos que trabajar para reafirmar el compromiso de participación con vistas al encuentro del 15 de julio.

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